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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Siempre tendremos un recuerdo para él

Los trece hijos y muchos nietos de Ernesto Segura de Luna tuvieron ayer la más cariñosa y sentida prueba de que el mundo del baloncesto no olvida nunca a quienes, como su padre y abuelo, le han dedicado gran parte de su vida. En el caso de Don Ernesto, nada menos que un cuarto de siglo, en el transcurso del cual nos dio una lección de capacidad de trabajo y de voluntad de diálogo, y también de una visión de futuro sólo al alcance de esos dirigentes excepcionales que saben sumar a la experiencia que dan los años una mentalidad permanentemente abierta. Por eso consiguió ser un presidente joven incluso cuando, ya cumplidos los 82, se aprestaba a pasarme el testigo.
Ayer, todos los que acudimos a despedirle recordamos a aquel Don Ernesto exigente consigo mismo y con sus colaboradores, ejemplo de disponibilidad, capaz de dirigir una reunión de la FEB en Madrid, dos días después haber volado hasta cualquier otra ciudad de cualquier continente para participar en una cumbre internacional y, de retorno, acudir directamente a algún pabellón en el que se le esperaba; todo, ya casi con 80. Y también recordamos, por supuesto, a aquel presidente capaz de ser el centro de una sobremesa inacabable saboreando uno de sus puros favoritos.
Pero, sobre todo, escuchamos a una de sus hijas explicarnos, emocionada, que su padre había sabido vivir hasta disfrutar, aunque esta vez ya fuera por televisión, un momento histórico para nuestro baloncesto. En los que están por venir siempre tendremos un recuerdo para él.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO MUNDO DEPORTIVO en su edición del martes 2 de septiembre de 2008

martes, 2 de septiembre de 2008

En memoria de Don Ernesto

Ayer fue un día triste para la gran familia de nuestro baloncesto. La repentina e inesperada noticia del fallecimiento de Ernesto Segura de Luna nos dejó un hueco imposible de llenar porque Don Ernesto, que es como le llamábamos todos de forma cariñosa, se había ganado para siempre ser una parte impor-tante de la historia de nuestro baloncesto.
No en vano lo dirigió durante prácticamente un cuarto de siglo. A lo largo de sus dos largos y fructíferos mandatos como presidente de la FEB, Don Ernesto dio muestras no sólo de una enorme capacidad de trabajo al servicio de nuestro deporte sino, sobre todo, de saberse adaptar a las necesidades y exigencias de los tiempos. Y lo hizo con la mano maestra de un dirigente experto que sabía escuchar a los excelentes colaboradores de los que siempre se supo rodear, porque el baloncesto al que él llegó –procedente de la Federación Catalana- poco o nada tenía que ver con el dejó casi tres décadas después, hace apenas cuatro años. Aunque en realidad nunca lo dejó del todo, porque a pesar de que inevitablemente iba sumando años –hasta los 86 con que ha fallecido- siempre mantuvo una mentalidad joven y abierta. Como él mismo dijo hace un par de años, cuando recibió el homenaje conjunto que le tributamos FEB y FIBA, el baloncesto fue su vida.
No exageramos si le reconocemos haber sido uno de los directivos más influyentes, más respetados y con más personalidad del deporte español, al que el baloncesto estará siempre agradecido. Su lúcida visión de futuro, su predisposición al diálogo por encima de todo y su total disponibilidad para el baloncesto son parte de su legado, que yo personalmente, como su sucesor en el cargo, no he querido olvidar en ningún momento, en reconocimiento tanto a la colaboración que en todo momento me prestó como a la generosidad de que hizo gala al ofrecerme la vicepresidencia de la FEB, hace ya diez años, poco después de haber sido su rival en el más reciente proceso electoral.
Por todo ello, en nombre de la FEB y de todo el baloncesto español, descanse en paz, Don Ernesto.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO ABC en su edición del domingo 31 de agosto de 2008